
Y a pesar de lo dicho, lo más importante me ha pasado a nivel personal: se ha despertado mi consciencia de autoestima. La cosa es que hasta ahora mi autoestima era muy baja y contradictoria, algo que no sé cómo explicarlo. A pesar de saber que atraía a los chicos, y de haber tenido novios y todo eso, yo no me consideraba digna (y ésa es la palabra exacta) de ser querida por nadie, consideraba que nadie se podía fijar en mí, simplemente por cómo era (tanto por dentro como por fuera). Y sin embargo ahora, es como si me hubiera dado cuenta de que sí soy digna de las atenciones de los demás, de que un chico se sienta atraído por mí cuando paso por la calle. Soy consciente de que soy una persona que tiene derecho a ser querida y aceptada por la sociedad.
Y cuando me he dado cuenta de todo esto, he llorado. De alegría y de pena. De alegría porque es maravilloso quererse a una misma de esta manera, de saber que a pesar de los millones de defectos que encuentra mi mente enferma, el conjunto de mi persona sigue siendo bueno, tan bueno que los demás se fijan en él. Pero también he llorado de pena. Por ser tan estúpida de creerme lo que las malas personas que me acompañaron en el pasado me insinuaban. Nunca me dijeron eres una mierda, pero por su forma de actuar me hicieron sentir así. Siempre me he sentido mal alrededor de mis ex amigas, y ellas no hacían nada porque no me sintiera como el patito feo. Me hicieron creer que era una mierda hasta el punto de pensar que realmente lo era. Hasta el punto de tener mi autoestima bajo cero. Y cuando me he dado cuenta de eso, he seguido llorando, porque me he perdido cosas maravillosas de la vida por sentirme una mierda. He dejado de hacer muchas cosas porque no me sentía segura, porque estaba segura de que se reirían de mí, porque no me consideraba digna de estar dentro de un determinado grupo. Pero luego esas lágrimas se han convertido en un llanto de alegría, porque yo, que era el patito feo, me he convertido en un cisne. Puede que suene muy cursi, pero ahora sí que creo que los cuentos pueden convertirse en realidad. Y si es así, yo quiero ser ahora una princesa, y que aparezca mi príncipe azul. Ya estaba preparada para querer de verdad a otra persona, y si ahora trabajo en mi autoestima es mucho más probable que elija a un chico bueno de verdad, y no me conforme con el primero que quiera follarme simplemente porque no me considero digna de algo más.
Empiezo a creer todo lo que siempre he dicho falsamente, a considerarme una persona capaz de hacer lo que se proponga, que no provoca asco en los demás, sino todo lo contrario... una persona que puede estar dentro de la sociedad desarrollando un papel muy digno. Y eso me gusta, saber que a pesar de todo, soy aceptable por los demás. El siguiente paso es el más importante: aceptarme a mí misma; ver ese conjunto deseable por los demás, omitiendo los defectos. Viendo más allá de lo malo, quedarme con lo bueno... y este paso es el más difícil. Lo bueno es que ya he comenzado, lo que me jode es que sea tan tarde. Temo que sea demasiado tarde.
El caso es que le he comentado esto a mi psiquiatra, y me ha dicho que he hecho grandes progresos, y que en estas sesiones estoy mucho más receptiva que en el pasado. Hay que seguir trabajando, pero el que esté colaborando realmente hace que se vean resultados. Y de momento, me gusta lo que estoy viendo.
Con la comida ha habido progresos, pero como suele ocurrirme, también contradicciones. Estaba inscrita en una carrera que no he seguido. Y estoy comiendo casi como una persona normal, sólo un poco menos. Luego me siento culpable, sobre todo cuando enchufo la tele y veo a tantas chicas maravillosas y pienso que no debería comer si quiero un cuerpo perfecto… Es la contradicción eterna: quiero comer sin sentirme mal pero no engordar. Y ahí sí que no hay un cuento que diga que eso es posible.
Me he dado cuenta que parte de mi problema es el control de la comida. Me encanta tenerlo todo bajo control. Es más, diría que no tenerlo todo así me pone nerviosa. Saber que me voy a poner durante la semana, qué y cuándo voy a comer, programar absolutamente todo... hasta un punto enfermizo.
Y también hay algo infantil en ese problema. Una parte de mí siente que no ha vivido la infancia al completo, estando casi siempre alerta ante los acontecimientos. Y esa misma parte siente que no es justo, y que debo vivir esa parte de la infancia. Luego está otra parte, la racional, que se da cuenta de que no puede ser, que la infancia y la inocencia quedaron atrás. Entonces la parte que se resiste a abandonar la infancia llora, porque siente que debo vivirla.... Y en ese mar de contradicciones, mi parte racional sigue analizándome y se da cuenta que no comer es una forma de volver a la infancia. No entiendo por qué mi mente enferma ha decidido que no comer es una reacción infantil, pero es la forma que tengo de mantenerme niña, de no crecer.
Supongo que mi mente es así de enferma, infantil y retorcida.
De tiempo ando muy mal, de hecho hoy me he levantado más temprano de lo que debo sólo para escribir en el blog, aunque no me ha dado tiempo siquiera a leer los comentarios de las entradas anteriores. Pero intentaré ponerme al día en lo que queda de semana, me he hecho un planning para poder visitar los blogs más frecuentemente. De todas maneras, os agradezco mucho a todas que me leáis y me comentéis, cuando leo vuestros comentarios me siento comprendida y querida, y muchas veces se me ilumina la cara con una sonrisa… es una sensación maravillosa.
Ahora tengo que irme a clase. Siento haber escrito una entrada tan larga!
Muchos besos!!!





















